El bebé yoda llega a toda velocidad para salvar a la saga galáctica
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El personaje de Pascal salta al cine acompañado por el Bebé Yoda, buscando mejorar la suerte de la saga en la pantalla grande
El bebé yoda llega a toda velocidad para salvar a la saga galáctica
“The Mandalorian & Grogu” llega mañana a los cines argentinos, y trae consigo una pregunta que la industria viene postergando desde hace años: ¿puede la franquicia más cara del mundo recuperar la magia que perdió? ¿O será de ahora en más un producto para explotar nuestra nostalgia y nada más?
La película protagonizada por Pedro Pascal y el pequeño Grogu (ese ser verde que el mundo conoció como Baby Yoda y que se convirtió en el fenómeno de merchandising más irresistible de la última década) es la primera entrega de “Star Wars” en cines desde “El ascenso de Skywalker”, en 2019. Siete años de ausencia en pantalla grande para una saga que Disney compró en 2012 prometiendo conquistar el mundo.
La historia retoma el vínculo entre Din Djarin —el mandaloriano que jamás se quita el casco— y Grogu, el misterioso ser que despertó su instinto paternal. Los hechos se sitúan cinco años después de la destrucción de la Estrella de la Muerte, en el universo posterior a la primera trilogía clásica. En esta aventura, el mandaloriano es contratado por la coronel Ward (Sigourney Weaver) para encontrar a Rotta, hijo de Jabba, que ha sido secuestrado, y en su camino se cruza con todo tipo de personajes, incluyendo un vendedor ardeniano de cuatro brazos al que da voz nada menos que Martin Scorsese.
Para Pascal, que creció viendo la trilogía original, el rol es algo más que un trabajo. El actor chileno describe a Grogu como un “verdadero compañero desde el comienzo”, y dice que Din Djarin “desarrolla un instinto paternal cuando encuentra a este pequeño, pero a la vez es consciente de que tiene mucho más poder que él”. No es menor: en esa tensión entre la ternura y el poder reside buena parte del atractivo emocional de la serie, y ahora de la película.
Jon Favreau, el director que creó “The Mandalorian” como serie para Disney+ en 2019 y que ahora lleva la historia a la pantalla grande, tiene clara su apuesta. Quiere “presentar a una nueva generación” el universo creado por George Lucas hace 50 años, y por eso busca emocionar por igual a los espectadores menos entendidos y a los fanáticos más acérrimos. La serie, que ya cuenta con tres temporadas y ha ganado 15 premios Emmy, le dio la razón: funcionó como puerta de entrada para millones de nuevos espectadores que nunca habían visto un Jedi ni sabían quién era Obi-Wan Kenobi.
“Si Star Wars va a seguir adelante hay que presentarla a una nueva generación”, reflexiona Favreau. Y agrega que para lograrlo buscó recrear algo específico de las películas originales de Lucas: “Esa sensación de esperanza, de aventura, de peligro”.
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El problema es que entre esa primera trilogía y este presente hay una historia bastante menos épica: la de cómo Disney dilapidó, en tiempo récord, una de las franquicias más poderosas del entretenimiento mundial.
Cuando la compañía del Ratón adquirió Lucasfilm por 4.000 millones de dólares en 2012, la promesa era clara: una película de “Star Wars” por año, para siempre. Y así fue, por un tiempo. “El despertar de la Fuerza” (2015) fue un éxito masivo. “Rogue One” (2016) funcionó. Pero la nueva trilogía —que debía ser la continuación definitiva de la saga Skywalker— se desintegró ante los ojos del público. “El último Jedi” (2017) dividió a los fanáticos con una ferocidad poco vista en la cultura pop; “El ascenso de Skywalker” intentó recomponer lo roto y terminó dejando a todos insatisfechos. Esa última entrega fue la menos taquillera de la trilogía y, aunque superó los mil millones de dólares a nivel global, dejó un sabor amargo.
El problema no fue solo narrativo. Disney apostó a la saturación: películas, series, precuelas, spinoffs. El universo expandido se volvió abrumador y contradictorio. Los proyectos cinematográficos de directores de prestigio —Rian Johnson tenía una trilogía entera planeada, el dúo de “Game of Thrones” tenía otra— fueron cancelados uno tras otro. En el streaming, el panorama fue más amable: “The Mandalorian” y “Andor” funcionaron. Pero otras series como “Obi-Wan Kenobi” o “El libro de Boba Fett” llegaron con grandes expectativas y resultados tibios. Además, estaban las series animadas que contenían datos clave para seguir la historia. La sobreproducción terminó generando fatiga incluso entre los fanáticos más devotos.
Siete años después de su última aparición en cines, “Star Wars” vuelve con la conciencia de que no puede darse otro tropiezo. Y los números de las preventas en el mundo son alentadores: está claro que el Bebé Yoda no quedó “manchado” por los errores de la franquicia.
Pero la franquicia sabe que el entusiasmo inicial no garantiza nada. Favreau, que también ayudó, con “Iron Man”, a crear el Universo Cinematográfico de Marvel para Disney antes de volcarse a esta galaxia, lo entiende bien. Cuando se le pregunta si esto podría ser el inicio de una cuarta trilogía, responde con cautela: “El Mandaloriano ahora mismo es una historia completa y encaja perfectamente en el contexto de todo lo que está por venir.” Y agrega que tiene “muchas ganas de crear más historias”, aunque los resultados de taquilla y las críticas serán los que terminen de determinar el rumbo.
Sigourney Weaver, que se sumó al elenco interpretando a la coronel Ward, tiene una mirada más filosófica sobre el regreso de las aventuras espaciales. Para la actriz, el público sigue interesado en estas historias porque “tenemos esperanza primero de que va a haber un futuro y de que podremos ir al espacio; es una visión muy esperanzadora y optimista sobre nuestro futuro”.
Quizás ahí esté la clave. “Star Wars” siempre fue, antes que nada, una historia sobre la esperanza. La pregunta es si Disney —y los espectadores que alguna vez la amaron— están dispuestos a darle una última oportunidad para recuperarla.
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